Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, 1974) es catedrático de didáctica de la literatura en la Universidad de Granada. Ha publicado los poemarios Un intruso nos somete (1997), El laberinto azul (2001), Crisis (2007), En busca de una pausa (2018), agrupados en Poesía reunida (1997-2023) (2024), y La vida no fue sueño (2026). Su poesía ha aparecido en México, Costa Rica, Argentina, Honduras, Ecuador, Guatemala y Perú. Ha editado la antología Deshabitados (2008), entre otras, y coordinado volúmenes y monografías sobre poesía española e hispanoamericana contemporánea. Traductor de Pasolini, Marinetti, Salgari, Michaux, etc., su poesía ha sido incluida en las mejores antologías de poesía española contemporánea. Crítico literario, entre sus ensayos destaca La tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia (2024). Dirige la revista Paraíso.
VIVIR AQUÍ
No podía dormirme, oía
como asuntos pendientes, diálogos
entre sonidos y colores,
asociaciones de palabras
acercándose,
avanzando hacia mí.
La secuencia ya había comenzado
y les guiaba un extraño deseo
realizador, en los orígenes
de las mitologías
en legítima defensa,
desmintiéndose
cuando lo imaginario y lo simbólico
no se comprenden, no
coinciden, no
se corresponden entre sí.
Me gustaba perderme y encontrarme
con un libro en las manos.
No había tiempo para el tiempo,
desencadenado apenas
en el riesgo de descubrir
la realidad, la verdadera,
mostrando sus encías
de recuerdos encubridores,
la argolla
de esa única oportunidad
que es la esperanza.
Donde habita
la voluntad hay un camino,
afecta a la mirada
a otra escala,
se superponen las imágenes,
y me olvidaba de dormir.
Entonces
tuya es la soledad, tuyo el secreto:
me veía a mí mismo por el ojo
de la cerradura, testigo
de esa larga cadena
de los inconformistas
sabios, de unos itinerantes labios
camuflados en el arrabal,
y poseía la poesía.
Nada es lo que parece
y allí se alojan las sospechas
del entusiasmo
con sus recodos expresivos,
la lentitud
en estilo indirecto libre,
la claridad de los pasos que has dado.
Sí, mis pasos sembrad, id lejos.
Recuerdo las severas horas
de la autocrítica
y las perforaciones
de una conciencia que repite
ese estribillo
que piensa en alguien que en ti piensa.
Ya no tienen semblante los significados,
pero no llegarán a tu futuro
sin descomposiciones,
en ruta
y en un exceso de confianza,
porque la perfección
exige más que voluntad, memoria.
Hoy debe ser el día de los rodeos.
Por eso
ahí va mi insomnio
cargado de anticipaciones,
su representación
y su lectura desde el nudo mismo
para vivir aquí.
Celebrem una nova edició de la Poefesta! Vint-i-un anys fent d’Oliva la capital de la poesia, omplint de versos els seus carrers i la seua gent, convidant diversos accents, gaudint amb les diferents formes del dir, posant en valor el diàleg i fent de la paraula la nostra eina més ferma d’habitar el món. Alguns […]